En blanco

Mi pescadero y William Burroughs

Los martes viene el pescadero. Se llama Francisco. Francisco viene los martes y los viernes sobre las once. Cuando hay pescado. De lo que hay, trae lo que esté a buen precio. Lo que sabe que puede vender. Desde hace unos meses para en la puerta de mi casa porque siempre le compro algo. Me apaño con lo que trae, incluso me divierte no saber qué pescado comeremos el martes, el viernes. Boquerones a ocho euros, dice incrédulo. ¿A cuánto tengo yo que ponerlos? Hoy solo le queda medio kilo y se los lleva Juan, uno de los pocos vecinos que también salen a comprarle. La pescadilla es de calidad, me dice y yo le hago caso. Elige una, tiene la marca del anzuelo, pesa más de un kilo, pero lo redondea. Usa una báscula de plástico roja que siempre pesa lo que él dice que va a pesar. 

Está muy buena en blanco, dice Juan.

¿En blanco? He oído varias veces esa expresión: pescadilla en blanco, rosada en blanco. ¿Cómo es eso?, pregunto. Con una papas, le pones un tomate y un pimiento, responde, los ojos brillantes por encima de la mascarilla. Francisco apunta Le pones la cabeza al principio para que todo coja sabor. No acabo de entender la receta, podría decir que sí y mirarlo luego en internet, pero quiero saber cómo lo hacen ellos. Insisto. Juan dice Tienes un primero y un segundo. De primero, el caldo, échale limón, un buen chorro. Lo subraya haciendo el gesto de exprimir un limón con su mano derecha, la mueve en círculo para que el jugo llegue a todo el plato. Y de segundo, la pescadilla. La pones limpia, con unas pocas papas que hayas reservado y un chorrón de aceite bueno.

Entro en casa con la pescadilla en una bolsa, la pongo en un plato de porcelana y la dejo dentro del frigorífico hasta la hora de comer. Leo una entrevista de 1965 a William Burroughs. Esto lo he leído antes. 

Tengo dos libros con la misma entrevista.

El primero lo compré en una tienda de libros de segunda mano y tiene un flyer de Haciendo AGENDA 21, Ecodesarrollo GAIA. El libro está editado por Kairós en 1981, la traducción es de David Rosembaum y chirría. Abro el otro ejemplar por las primeras páginas. Edita Acantilado, traducen María Belmonte Barrenchea, Javier Calvo Perales, Gonzalo Fernández Gómez y Francisco López Martín. Año de publicación: 2020. La traducción de este último es mucho más elegante, fluida. Comparo unas frases con otras y, aunque dicen lo mismo, algunas hay que leerlas dos veces.

Ni siquiera existe David Rosembaum. La web de archivero.es me muestra los treinta y un títulos que ha traducido David Rosenbaum, con n. Ninguno se corresponde con el libro que tengo entre mis manos, Hablan los escritores, que yo compré en una librería de viejo y que contiene una errata en el nombre de su traductor.

¿Qué hago con el libro de Kairós que tengo repetido? Me da pena tirarlo. ¿Lo regalo? ¿Se puede regalar un libro que no quieres? Aunque esté mal traducido, he marcado muchas páginas, subrayado pasajes que contrasto con la versión moderna de Acantilado, The Paris Review. Entrevistas, los dos tomos con su caja de cartón que me regaló Miguel un día de diciembre que brillaba el sol y habíamos ido a caminar por Torre del Mar. Aquel día descubrimos un restaurante donde, decían, elaboraban la mejor ensaladilla del mundo. Quince días más tarde fuimos a comprobarlo. Y celebramos el cumpleaños de Lau con Miguel y Marta, Javi y su amigo Dmitri.

Me acuerdo de que la ensaladilla sabía a gambas.

Vuelvo a la entrevista. Busco las páginas subrayadas en el primer libro en la traducción del segundo. 

William Burroughs: No sé adónde se dirigirá la ficción normalmente, pero yo me dirijo de forma muy deliberada al terreno de lo que llamamos sueños. ¿Qué es un sueño exactamente? Cierta yuxtaposición de palabras e imágenes. Últimamente he hecho muchos experimentos con álbumes de recortes. Cuando encuentro en un periódico una noticia o una foto que me recuerda a algo que he escrito, o que tiene alguna relación con ello, la recorto y la pego en un álbum junto al texto de mi libro.

Subrayo, en la siguiente respuesta,

El silencio es el estado más deseable. En cierto sentido, un uso determinado de las palabras y las imágenes puede conducir al silencio. Los álbumes de recortes y los viajes en el tiempo son ejercicios para expandir la conciencia, para aprender a pensar en bloques de asociaciones de ideas, en vez de con palabras.

Cuando le piden que describa una jornada típica de trabajo, responde:

Me levanto hacia las nueve de la mañana y pido el desayuno. Odio salir a desayunar. Suelo trabajar hasta las dos o dos y media, que es cuando me gusta parar unos diez minutos para tomar un sándwich y un vaso de leche. después sigo trabajando hasta las seis o las siete. Luego, si he quedado con alguien o tengo intención de salir, me echo a la calle, me tomo algo por ahí, vuelvo a casa y, según el día, leo un poco o me voy directamente a la cama. Suelo acostarme bastante pronto. No me obligo a trabajar, sólo hago lo que de verdad quiero, y estar completamente solo en mi habitación, sabiendo que nada ni nadie me va a interrumpir durante ocho horas, es exactamente lo que quiero. Eso es el paraíso.

Pero mi extracto preferido aparece al final, cuando William Burroughs responde al entrevistador de The Paris Review, Conrad Knickerbocker:

Al igual que los publicistas de los que hemos hablado, me interesa la manipulación precisa de la palabra y la imagen para estimular una acción. Pero, en mi caso, no para que alguien salga a comprar una Coca-Cola, sino para provocar un cambio en la conciencia del lector. Una vez me preguntaron si seguiría escribiendo en una isla desierta, sabiendo que nadie iba a leer lo que escribo. Y la respuesta es sí, rotundamente: seguiría escribiendo para tener compañía, porque al escribir creo un mundo imaginario —siempre es imaginario— en el que me gustaría vivir.

No puedo evitar preguntarme: ¿estaba Burroughs hablando de cara a la galería?


Recomendaciones de la semana

  • El almuerzo desnudo de William Burroughs (Anagrama, 1989). Lo leí hace un millón de años, pero recuerdo que era una crítica a casi todo. Y me hizo reír. Está considerada una de las mejores novelas norteamericanas y la puedes comprar por menos de 9 € aquí.

  • The shape of jazz to come de Ornette Coleman. Un CD a la altura de esta novela, mi banda sonora preferida para leer a la generación beat. Escúchalo gratis aquí.