Ikigai

Nuestro trabajo no determina quienes somos

Han vuelto los mirlos. El más claro sigue igual de despeluchado, el oscuro, quizá más delgado. Las currucas, las dos, juegan en el galán de noche a la hora del almuerzo y los gorriones, después de comer. Descarados, pasean a saltitos por el patio hasta el sumidero. Y vuelven en sentido contrario. Bajo su peso, las ramas se comban hasta casi tocar el sue…

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