Languidez

Un domingo en el jardín

Domingo. Desayunamos. Tienes (otra vez) esa mirada. Silencio. Hemos dado vueltas y vueltas en la cama. Sé que algo va mal. Hacemos tortitas, les añadimos fresas, mermelada. Té chai. 

Estoy intentando analizar mis sentimientos, dices. Estoy de bajón, pero no de bajón. 

El sol entra tímido por la ventana de la cocina, cómplice o testigo. 

Es como si todo diera igual, dices. 

Te he propuesto ir a un pueblo perdido en los montes. Te he propuesto pasear. Bajar a la playa. 

No me apetece hacer nada. ¿Nos quedamos en el jardín?, dices. 

Sé que no es contra mí contra quien luchas. Nuestra vida no es el problema. Espero. 

Dices No, no, claro que no. Soy yo. Otra vez. 

Me siento igual, reconozco en ti mi apatía, esa indiferencia. Pero verla en ti me hace reaccionar, dejar la mía a un lado. Los dos no podemos hundirnos en ella. A la vez. 

Languidez, digo. He leído que lo llaman así. 

No puedo explicarte lo que he leído, me gustaría, pero soy incapaz. Tampoco quiero buscar el móvil (¿dónde lo dejé?), ponernos a leer ahora, en nuestro desayuno, en una pantalla. Es una sensación de vacío. He leído que lo llaman así, repito, mientras pienso que lo escribiré mañana, que intentaré explicártelo, mejor, por escrito.

Estancamiento y vacío. Sientes que los días pasan sin rumbo. Podría ser la sensación dominante del 2021, escribe Adam Grant en The New York Times. Los síntomas son problemas de concentración, falta de entusiasmo, quedarte en la cama sin hacer nada y/o acostarte tarde porque sientes que has perdido otro día. No llegas a estar deprimido, pero se le parece.

La languidez es una sensación de estancamiento y vacío. Se siente como si estuvieras arrastrándote para pasar los días, mirando tu vida a través de un parabrisas empañado. Y quizá sea la emoción dominante de 2021.

Mientras los científicos y los médicos trabajan para tratar y curar los síntomas físicos de la covid de larga duración, muchas personas tienen problemas con la longevidad emocional de la pandemia. Algunos recibimos los embates de la covid, sin estar preparados, mientras el intenso miedo y el dolor del año pasado se desvanecieron.

Grant describe como la angustia del principio de la pandemia se ha convertido en languidez. No sabíamos que el fin del mundo fuera a ser tan aburrido, traduzco con ironía. La languidez es un vacío emocional entre

la depresión y el bienestar […]. El languidecimiento empaña tu motivación, altera tu capacidad de concentración y triplica las probabilidades de que reduzcas el trabajo. Parece ser más común que la depresión, y en cierto modo puede ser un factor de riesgo mayor para sufrir una enfermedad mental. 

Una fiesta de la que nos advierte el sociólogo Corey Keyes en las conclusiones de su investigación sobre este tema: las personas que languidecen ahora mismo tienen más probabilidades de padecer depresión grave y trastornos de ansiedad en la próxima década.

La mejor forma de lidiar con nuestras emociones, según los psicólogos, es ponerles nombre. Aprender a reconocerlas. Y este nuevo estado ha venido para quedarse. Tú eres más fuerte, física y mentalmente, que yo. Esta falta de ganas, la indiferencia, son producto de esta situación en la que nos ha tocado vivir y con la que tendremos que convivir. Te pasa a ti, me pasa a mí y seguramente les está pasando a muchas de esas personas con las que te encuentras todos los días e intercambias un ¿Qué tal? Bien. Grant propone empezar por ahí. Abandonar esa “positividad tóxica”. No les estás engañando a ellos, te estás engañando a ti.

¿Hay remedio? Claro que sí. ¿Recuerdas lo que quisiste que hiciéramos el domingo? Nos quedamos en el jardín. Bueno, también limpiamos a fondo la cocina, movimos el frigorífico y miramos el filtro de la lavadora, pero lo que queríamos hacer era quedarnos en el jardín. No había nada urgente, ninguna tarea que no pudiera esperar, pero estuvimos de aquí para allá toda la mañana y, después de la siesta, otra vez. Ibas con el cubo de zinc, las tijeras, cortando las flores marchitas de la verbena blanca, de las margaritas. Hiciste una pausa para hacer pan y volviste para buscar “la oruga” en el geranio.

Un concepto llamado “flujo” puede ser un antídoto contra la languidez. El flujo es ese estado elusivo de estar absortos en un reto significativo o un vínculo momentáneo, en el que tu sentido del tiempo, del espacio y de ti mismo se desvanece. Durante los primeros días de la pandemia, el mejor indicador de bienestar no era el optimismo o la atención plena, sino el flujo. Las personas que se sumergieron más en sus proyectos lograron evitar languidecer y mantuvieron su felicidad prepandémica.

Los ingleses lo llaman “flow”. Es cuando te pones a hacer algo y pierdes la noción del tiempo. Un maratón de series, encadenar varias películas. También vale. También lo hicimos. Sacamos las pipas y, en la mitad de la segunda película, apartaste la vista de la pantalla para intercambiar una sonrisa. ¿La terminamos de ver?, dijiste. Vaya bodrios de películas vimos este domingo. Conclusión: los bodrios también sirven contra la languidez. Ganamos la batalla. Y esta pequeña victoria es el camino para derrotar a este estado de ánimo con el que, me temo, nos tocará convivir una temporada. 

Otro de los consejos que recomienda Grant en su artículo es “mantener una conversación significativa”. Eso lo tuvimos el sábado.

Y esta fue la canción con la que nos sorprendimos mientras preparábamos las caballas al horno, ¿la recuerdas? Hacía mucho tiempo que no la escuchábamos.


Recomendaciones de la semana

  • Puedes leer el artículo original en The New York Times aquí. Incluye enlaces muy interesantes a los estudios que cito.

  • ¿Más lectura? Languidez es el título de uno de los libros de Alfonsina Storni (ella es la autora del manuscrito que has visto antes). Siempre es un buen momento para rescatarla de la estantería o comprar alguno de sus libros. Ella sí que sabía poner palabras a los sentimientos.

  • Más libros. Hace poco te hablé de Filosofía ante el desánimo de Jose Carlos Ruiz Sánchez. Otro. No sabía que el concepto de flujo lo definió el psicólogo Mihály Csíkszentmihályi en 1975. Este es el libro que he encontrado de él. No lo he leído. Si lo haces, me cuentas.

  • Esta semana hemos visto Nomadland de Chloé Zhao. Ni fu ni fa, la verdad. Estoy seguro de que si no fuera por el premio ese que le han dado ni sabrías que existe. Como soy muy fan de Frances McDormand, te recomiendo otra película también protagonizada por ella: Tres anuncios en las afueras, su guión que no te dejará indiferente.

  • Para terminar, sólo un apunte: este es un texto literario, pero encierra alguna que otra verdad. Por favor, si tienes alguno de los síntomas que aparecen en él, no dudes en hablarlo con tu pareja, tu familia, un amigo/a o consultar con un profesional.